El pasado martes 24 de marzo vivimos una noche que quedará resonando en la memoria de BAAR.

En una sala casi llena, un martes a las 20h, tuvo lugar un encuentro que trascendió lo cinematográfico para convertirse en una experiencia colectiva, íntima y profundamente conmovedora.

Desde la sección Puentes, reafirmamos el sentido de este espacio: generar instancias donde el cine abre preguntas, conecta historias y nos invita a detenernos, a mirar, a recordar. No se trata solo de proyectar una película, sino de construir un lugar de encuentro donde distintas miradas puedan convivir.

La sala reflejaba esa diversidad. No solo nos acompañó la comunidad argentina, sino también una gran presencia de la comunidad italiana —que año a año apoya y sigue el festival— junto a asistentes de Brasil, España y distintos países de Latinoamérica. Una audiencia plural que, desde distintos recorridos, se reunió en torno a un mismo gesto: hacer memoria.

La propuesta de la noche fue concebida como un recorrido. Una narrativa curada por la dirección creativa de BAAR que nos situó en un antes y un después.
El “antes”, a través de la intervención sonora de Nicolás Melmann, con una pieza compuesta previamente a la dictadura, que acompañó la llegada del público generando un clima de escucha y apertura.
El “después”, con la proyección de El Clan, dirigida por Pablo Trapero, una obra que, sin abordar directamente la dictadura, nos enfrenta a sus huellas, a aquello que persiste en las estructuras, en los silencios y en las formas de violencia que no desaparecen de un día para otro.

Entre ese antes y ese después, estábamos nosotros.
Como espectadores, como comunidad, como cuerpo presente en una sala compartida.
Haciendo memoria.

Agradecemos profundamente a todas las personas que formaron parte de esta primera función del año de la sección Puentes.

Nuestro especial agradecimiento a Pablo Trapero por su generosidad y cercanía al compartir su proceso creativo, y a Nicolás Melmann por su arte y compromiso, que dieron a la noche una dimensión aún más profunda.

Porque hay encuentros que no terminan cuando se encienden las luces.
Y esta fue una de esas noches.